About

Littio X es una formación mutante de poesía y música experimental interesada en prácticas artísticas no convencionales. Cada muestra de su producción es única en términos performáticos: sus actuaciones son siempre nuevas, variables, mutables. Como banda de arte sonoro sus intereses se basan en la interdisciplinariedad, ciertos parámetros performativos -el cuerpo como objeto, la variabilidad, la búsqueda de un sonido siempre distinto al ya creado-, la música electrónica, el noise, el software and hardware art, la poesía y el spoken word, los medios digitales, analógicos y la misma tecnología que los genera. Trabajan con la palabra y sus experimentaciones se basan en textos de creación propia o de otras autoras en clave feminista. La repetición, el ruido o las frecuencias inaudibles del sonido también son considerados parte de su objeto de estudio. Littio X lo conforman la poeta, artista multidisciplinar y periodista Alicia G. Núñez y la artista plástica y poeta Ángela Gemio.

El nombre de la banda hace referencia a los estabilizadores del ánimo recetados en el caso de trastorno bipolar, también a la tecnología y a las baterías que se utilizan en dispositivos electrónicos. La X hace de factor multiplicador, sirve de incógnita, es el factor mudable que cambia, posibilita la entrada a colaboradores eventuales -como son fotógrafas, VJ’s o creadoras visuales- o habituales, como son el productor musical y Doctor en Mecánica Sonora de la Universidad de Barcelona Xavier Camps i Montagut o la musicóloga griega Daphne Xanthopoulou. Esa X les conduce a mutaciones, enigmas o interrogantes y colaboraciones por resolver y materializar. A través de la figura del flâneur trabajan la dramaturgia del sonido en espacios abandonados, sus componentes realizan grabaciones de campo, registran ciertos sonidos, ruidos, o voces. Les interesan estos espacios enclavados o paralizados en un determinado momento histórico, o aquellos que se corresponden con el concepto de “no lugar”. Todo espacio concebido como mero tránsito, su mismo entorno, los procesos de servilismo que generan los estados aparentemente democráticos y el capitalismo y la ficción de las sociedades industrializadas. Cómo sobrevive la ruina, la estructura, pese al paso irremisible del tiempo. Con la exploración urbana hacen contacto con sensaciones corporales provocadas al transitarlos: escalofríos, cierta sensación de inseguridad. Así lo trasladan al sonido, a los recursos gráficos que emplean, a las emociones musicales, a los poemas propios, al trabajo sonoro que llevan a cabo.

Un concepto sobre el que trabajan de manera constante en clave gráfica, poética y sonora es el de no lugar, como ya expusieran Marc Augé en el campo de la antropología o Ballard en el de la ciencia ficción. Se trata de un espacio intermedio que no proporciona identidad, la sustrae en cierto modo. Investigan la relación de estos conceptos aplicada a la poesía: “No hay tiempo para la poesía”, que escribiera Carilda Oliver Labra. El género en sí es un no lugar entre géneros literarios. La poesía es el margen, nota al margen, musicalidad, cuerpo, experiencia, juego de repeticiones que dotan de otros significados al significante en sí. Así trabajan el género poético: tejiendo un espacio sonoro que dote de significado a esos espacios residuales, víctimas de la aceleración por procesos capitalistas o del avance desmesurado del neoliberalismo. Buscan poner el acento en cómo afectan estos espacios urbanos al medio ambiente, a sus habitantes, en cómo abundan tras determinados procesos históricos, crecen, destinados al desuso o a refugiar a damnificados por el contexto social. Cómo la naturaleza toma partido, se apodera de ellos con sus ramas, árboles creciendo en su interior. Cómo el tiempo ha ido comiendo espacio al tiempo, les interesa pararse un momento. Olvidar el miedo que suscita, considerarlo una mentira.

📸 de Alicia y Ángela: Laura Rosal